El Estado dominicano está enfermo, y solo lo curará una actitud crítica de la ciudadanía hacia los Poderes que lo conforman!
sábado, 24 de diciembre de 2016
Se dedican a robarle al país para luego ser "caritativos"
miércoles, 21 de diciembre de 2016
Carta a la Vicepresidente de la República, señora Margarita Cedeño de Fernández
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| Orbis Beltré |
Por Orbis Beltré
Respecto al aborto terapéutico en los
términos en que se ha planteado en los artículos 107, 108, 109 y 110 del
proyecto de Código Penal dominicano, el debate que usted sugiere —después de que el presidente Danilo Medina
observara y devolviera al Senado dicho proyecto— no es sensato.
¡No hay nada que debatir!
El asunto es simple. Aborto legal en tres
causales:
1.
Para
salvar la vida de la mujer embarazada.
2. Cuando el
embarazo sea resultado de una violación o de un incesto.
3. Cuando se
compruebe científicamente que el feto padece una malformación incompatible con
la vida.
¿Que usted, por su condición de cristiana
y por su moral religiosa, no abortaría nunca?
A usted nadie debería impedírselo jamás.
Usted, por ser cristiana y por su moral, lleve su embarazo hasta las últimas
consecuencias, sin importar que su médico le advierta que no sobrevivirá a ese
parto.
¿Que usted, por su condición de cristiana
y por su moral religiosa, no abortaría nunca?
Pues lleve su embarazo hasta las últimas
consecuencias, aunque este sea el resultado de un incesto o de que un
delincuente entrara de madrugada a su casa, asesinara a su familia, la
golpeara, la amordazara y la violara a usted, señora Margarita Cedeño de
Fernández, vicepresidenta de la República.
¿Que usted, por su condición de cristiana
y por su moral religiosa, no abortaría nunca?
Entonces continúe su embarazo hasta el
final, aunque la ciencia haya comprobado que el feto que lleva en su vientre
carece de cerebro, de pulmones o de columna vertebral, y que no sobrevivirá al
nacer.
Señora Margarita Cedeño de Fernández,
vicepresidenta de la República: si usted jamás abortaría, sin importar las
circunstancias ni las consecuencias, porque se siente cristiana y por su moral,
está en todo su derecho y se le respeta. Pero de la misma manera, usted, por
más cristiana que se sienta, no tiene derecho a conculcar la libertad de las
demás mujeres que no comparten su criterio sobre mantener un embarazo sin
importar el sufrimiento que este implique.
Se le exige sensatez, señora
vicepresidenta.
viernes, 25 de noviembre de 2016
El Estado dominicano: cómplice de la violencia de género y del feminicidio!

Por Orbis Beltré (Marzo de 2014)
La República Dominicana es, ante la mujer, un Estado abusador. Para muestra, empecemos con este dato: a la mujer dominicana, a pesar de representar la mitad de la población y de haber sido, desde la fundación de la República, una protagonista activa en los acontecimientos ideológicos, bélicos, económicos, sociales y culturales más importantes que nos han formado como nación, solo se le reconoce una cuota de representación del 33 % en los partidos políticos.
Tristemente, salvo por
breves y excepcionales momentos, nuestro país ha sido dirigido por peligrosos
delincuentes desde los tiempos del santanismo y el baecismo hasta los días del
balaguerismo y el peledeísmo. Tal vez esto explique el vergonzoso nivel de
conciencia que tenemos como sociedad y por qué estamos tan lejos de cumplir con
las metas del milenio —especialmente su
tercer objetivo—, trazadas por la ONU en el año 2000 con proyección al
2015. Hago este preámbulo para encaminarme hacia la indignación que motiva
estas líneas.
El 25 de noviembre de
1960, nuestro pueblo, azotado por una desenfrenada psicosis de perversidad, vio
derramarse la sangre de tres ilustres mujeres en cuyo honor se conmemora hoy el
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Este vil
asesinato fue, sin duda, el detonante que aceleró la caída de la dictadura
trujillista el 30 de mayo de 1961.
Aquella sangrienta
tiranía que el 25 de noviembre de 1960 sumó a las hermanas Mirabal a su
estadística de muerte llegó a su fin seis meses después. Ya sin Trujillo en el
escenario, en el verano de 1962 fueron llevados a juicio los autores materiales
del crimen. Dichos asesinos fueron condenados a penas de 20 y 30 años de
prisión. Sin embargo, aunque parezca increíble, el Estado dominicano se
confabuló como de costumbre con la impunidad y estos criminales no llegaron a
cumplir ni dos años en prisión: en los primeros meses de 1965 todos fueron
sacados de la cárcel y ningún gobierno posterior se interesó jamás en perseguirlos
para que cumplieran sus condenas.
Quiero destacar la
dimensión de las hermanas Mirabal, cuyo encumbrado valor en la lucha por la
libertad y el respeto a la dignidad humana las coloca en el altar más sagrado
de nuestra historia, dejándonos claro que eran mujeres de una estirpe
excepcional. Por el contrario, la impunidad otorgada a sus asesinos constituye
una mancha indeleble en la democracia dominicana, una mancha que el Estado se
ha encargado de agrandar día tras día.
Ante fechas como el 25
de noviembre o el 8 de marzo, nuestra sociedad debería llorar no por pena, sino
por complicidad y culpa. Complicidad y culpa porque, frente a las amenazas
contra la honra y el bienestar de la mujer, hemos sido excesivamente tolerantes.
Es doloroso admitirlo,
pero los datos no mienten: entre 2005 y diciembre de 2013, el Estado dominicano
presenció el asesinato por feminicidio de 923 mujeres, ante lo cual su único
rol ha sido apresar a algunos de los agresores, juzgarlos y sentarse a esperar
la próxima víctima. En lo que va del presente año —que apenas agota su segundo mes— la cuenta ya supera las 14
mujeres asesinadas a manos de hombres, bajo el amparo de un «dejar hacer, dejar
pasar» alimentado por nuestra cultura patriarcal.
¿Qué es la República
Dominicana ante la mujer? Es un Estado indolente, apático, morboso y
desconsiderado en extremo.
No quiero extender
demasiado estas líneas, sino lograr que el lector comprenda la razón de mi
indignación contra el Estado y la actitud de sus autoridades ante esta
escalofriante realidad.
¿Qué relación existe
entre las hermanas Mirabal y Edith Gómez? Una sola: la impunidad que el sistema
político garantiza en este país a los delincuentes de Estado.
Observen a este
personaje: un alto dirigente del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC),
aliado al partido de Gobierno, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Ha
sido funcionario público en distintas administraciones de los tres partidos
tradicionales y presidió por años la Liga de Béisbol Profesional de la
República Dominicana.
Su nombre es Leonardo
Matos Berrido, un vulgar asesino de mujeres. El 31 de octubre de 1982, este
político ultimó de varios disparos a su entonces esposa, Edith Gómez, de origen
peruano.
Los celos lo llevaron a
cometer el crimen con total alevosía: ubicó el vehículo de su víctima, le
desinfló los neumáticos y esperó escondido. Cuando ella regresó e intentó
solucionar el problema, aprovechó la indefensión para asesinarla a balazos.
Luego pretendió justificarse alegando sospechas de infidelidad, como si eso —aun de haber sido cierto— le facultara
para arrebatarle la vida a un ser humano, a la madre de sus propias hijas.
¡Respire profundo!
Este sujeto no solo
evadió una condena ejemplar por tan vergonzoso hecho, sino que continuó su
carrera como alto dirigente político y figura pública, ocupando diversos cargos
en la administración del Estado. Hoy se le exhibe en recepciones de alta
alcurnia como un «señor de buenas costumbres» ante los medios de comunicación.
Además, tras su
historial violento, se benefició de la función pública al punto de asignarse
una pensión estatal millonaria que pagamos todos con nuestros impuestos,
mientras mantiene el favor y aprecio de gobiernos y funcionarios corruptos.
Por eso y por mucho más,
cuando escucho al Gobierno discursar sobre la necesidad de «rescatar los valores morales», mientras entre abrazos, aplausos y
alianzas políticas se cobija con figuras como Leonardo Matos Berrido, me
embarga la indignación y me pregunto: ¿acaso las autoridades están convencidas
de que este pueblo carece de memoria?
jueves, 1 de septiembre de 2016
Tucanos, venta de órganos y verdad
Por Andrés L.
MateoEste artículo es una denuncia. Poseo todas las informaciones al respecto, y cuento con el apoyo documental para exponerla. Lo que se ha estado ventilando en la opinión pública sobre la relación entre la desaparición de la niña Carla Massiel Cabrera y el mercado de órganos humanos es un montaje mediático para sacar de los medios informativos el caso de los Tucanos. La procuraduría general de la República poseía toda la documentación sobre el caso del soborno enviada por las autoridades judiciales brasileñas, y sólo luego de que la prensa de ése país comenzara a publicarla, casi tres años después, divulgó el encarpetado de la acusación. Por razones estratégicas la publicación del caso de los Tucanos era favorable al gobierno, porque en principio vinculaba a funcionarios leonelistas, y porque frenaría hacia dentro del partido los aprestos de reactivación del expresidente Fernández. Pero desplegada ya la información, y por los afanes de simular transparencia en el segundo gobierno del presidente Danilo Medina, los estrategas descubrieron que el problema del reaseguro de los Tucanos incluía gente del danilismo, y se acordó pararlo. El aspaviento se detuvo muy cerca ya de los senadores danilistas, y más próximo aún de la necesidad de ventilar públicamente el reaseguro de los Tucanos, aspecto que sacaría a flote la tajada más suculenta del dinero de la corrupción en la venta de los Tucanos.
martes, 23 de agosto de 2016
A una isla y dos naciones
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| Orbis Beltré |
que dure eterno!
lunes, 22 de agosto de 2016
Hola patriota
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| Catalina Hooper Armenteros |
viernes, 19 de agosto de 2016
Carta para Andrés Navarro, Ministro de Educación
Sr. Andrés Navarro,
Ministro de Educación.
Distinguido Sr. Navarro,
Es mi intención saludarle como nuevo Ministro de Educación y a la vez felicitarle por aceptar este enorme reto.
La educación es la base de una nación, por lo que sabrá que tiene el más importante de los ministerios a su cargo.
No importa si tenemos deficiencias en otras áreas del sistema nacional, al final el desarrollo del país está colocado sobre las decisiones de nuestros habitantes basadas en la educación que tengamos.
Teniendo esto en cuenta me gustaría hacerle presente la necesidad urgente en nuestra sociedad de una educación en valores que genere un cambio visible. Aristóteles decía “Educar la mente sin educar el corazón no es educación del todo”.
Espero profundamente que en las políticas de su gestión se incluya esfuerzos destinados al reforzamiento de los valores porque no se trata de lograr que nuestros ciudadanos respeten y guarden las leyes porque puedan ir a la cárcel sino porque en nuestras escuelas se les explique el concepto del respeto en todas sus facetas y que cada quien lo asuma como cultura de vida.
Por ejemplo, sería bueno retomar con ahínco las clases de moral y cívica, el motivar a los estudiantes a ser parte de las soluciones, a dar la milla extra, a tener educación vial, emocional y financiera, etc. Que los dominicanos entendamos el valor de la responsabilidad y podamos aplicarla tengamos o no un policía en frente, ya que como decía Albert Einsten, “La educación es lo que nos queda después de haber terminado la escuela”.
También le invito a que elevemos la capacidad crítica de los dominicanos priorizando la acción. Roberto Linás nos dice que “Nuestra generación sabe dónde están los ríos pero no sabe la importancia del agua”. Es necesario que nuestros estudiantes empiecen a aplicar el conocimiento a la solución de nuestra realidad y que estos conocimientos estén vinculados a esta; que aprendamos no solamente cuándo nació Duarte sino también el cómo imitar su vida.
Es en las escuelas que podemos sacar de nuestra idiosincrasia conductas tan generalizadas entre nosotros como la de ser impuntual. Es en las escuelas que se erradica la mentalidad de evadir las responsabilidades inventando excusas. Es en las escuelas que podemos motivarnos a buscar en vez de esperar a que las cosas nos lleguen. Es en las escuelas que el dominicano puede abrazar el carácter como ha abrazado el carisma a través de los tiempos.
Podríamos equivocarnos y decir que solamente son los padres los encargados de esta tarea. Somos todos los que sabemos lo que es correcto los que debemos velar porque la información llegue y que con el paso del tiempo sea parte de la cultura.
Soy una joven que desde hace tiempo trabaja por la educación dominicana desde la organización que he fundado, una entidad la cual tiene como rol principal que nuestros bachilleres tengan una educación en valores, por lo que veo a diario los efectos de esta sequía moral en muchos de nuestros jóvenes de modo que entenderá usted mi preocupación por el tema. De igual manera sufro a diario las consecuencias de esta problemática desde conducir en la ciudad hasta solicitar un servicio ya sea público o privado.
Lo que quiero decir Sr. Navarro es que para que un sistema funcione debemos poner todos de nuestra parte, desde usted con grandes decisiones hasta los estudiantes que asisten a la escuela asegurando que con una educación de calidad y basada en valores nos acerquemos a la nación que todos merecemos. ¡Manos a la obra en este camino mancomunado!
Un caluroso abrazo,
Gloris Bidó de Olivo,
Apasionada y activista por la educación dominicana.
Gestora de Proyectos,
Organización 5toBachillerato,
República Dominicana.
martes, 26 de julio de 2016
El problema de no tener el pelo lacio en República Dominicana
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| Nicky González Méndez |
De la Ley 41-08 sobre Función Pública
jueves, 21 de julio de 2016
Así es que “sabe ver” el dominicano
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| Orbis Beltré |
Por Orbis Beltré
Tras el lamentable hecho
de la violación y asesinato de una niña de cinco años —caso en el que se
encuentran involucrados tres menores de edad—, no son pocas las voces que
exigen modificar el Código del Menor para contemplar penas más severas. Expreso
al respecto mi postura:
El problema no se
resuelve juzgando a los niños como adultos ni imponiendo sanciones más
drásticas. Al menos, esa es la conclusión lógica cuando observamos la realidad
de países como los Estados Unidos.
La verdadera solución
radica en la educación y en políticas públicas que fortalezcan al Estado en
materia de protección a la infancia en situación de vulnerabilidad. Sin
embargo, para lograrlo se requiere una sociedad con vocación de desarrollo o,
como mínimo, la aspiración genuina de construirla.
En una nación con
instituciones tan débiles como las del Estado dominicano —donde la corrupción
pública y privada se ampara en las leyes o en sus omisiones, y donde la
impunidad parece ser la norma en las altas esferas—, resultaría iluso esperar
que los más jóvenes no imiten aquello que ven y escuchan a diario.
Me permito ir más lejos:
resulta cínico escandalizarse cuando vemos a niños violando y asesinando,
mientras exhibimos sin sobresalto alguno en las recepciones sociales a un jefe
del Ministerio Público de conducta cuestionable como Francisco Domínguez Brito,
o mientras todo un pueblo elige como su representante ante el Senado de la
República a una figura como Félix Bautista, por solo citar dos ejemplos.
La conducta de estos
niños, hoy imputados por este horrendo crimen, podría ser el reflejo de:
Haber llegado al mundo
bajo la tutela de padres sin criterio sobre lo que implica la paternidad y sus
responsabilidades.
La exposición constante
a una televisión nacional que, sin respeto por los horarios ni por el público,
difunde contenidos de ínfima calidad.
La influencia de una
programación radial que transmite chabacanerías las 24 horas del día.
El impacto de crecer en
la más abyecta pobreza, como ocurre en la mayoría de nuestros barrios: entre
callejones de casuchas y hacinamiento sistémico.
Lo más probable es que
estos niños simplemente se hayan adelantado al pueblo llano en comprender y
ejecutar el mensaje que las autoridades envían desde hace tiempo: en este país
se puede cometer cualquier crimen sin consecuencia alguna, siempre que se goce
de cierta impunidad o estatus. De hecho, al presidente del partido de gobierno
un confeso narcotraficante lo señaló públicamente como su socio y nadie
investigó a nadie. Sumado a esto, pocos le han fallado tanto al país como
Leonel Fernández, y, sin embargo, el sistema lo mantiene intocable.
Es sumamente fácil
exigir castigos severos para estos menores. Cabe preguntarse si, honestamente,
la sociedad dominicana cuenta con los mínimos atributos morales para exigirles
a sus niños una conducta decorosa.
¿Acaso lo que estos
menores hicieron es más repudiable que la actitud de la Iglesia católica
dominicana al encubrir a sacerdotes, obispos y nuncios abusadores de niños?
¿O es que ya no
recordamos el caso del orfanato San Rafael del Yuma, en Higüey —vinculado al
obispo Ramón Benito de la Rosa y Carpio—, cuyo único castigo consistió en su
traslado a la diócesis de Santiago de los Caballeros? No escuché a nadie exigir
justicia en su contra.
¿O no recordamos cómo el
Estado dominicano protegió al padre Alberto, el sacerdote polaco que en
Juncalito, Santiago, abusó de decenas de niños?
¿O cómo se facilitó la
huida del nuncio Wesołowski tras destaparse que cometía pederastia en nuestro
país?
¿Acaso olvidamos cómo el
Estado, la Iglesia católica y la Iglesia evangélica condenaron a la muerte a
«Esperancita»?
¿O cómo se pretende, a
través de reformas legislativas, desproteger física y moralmente a las mujeres
más vulnerables de la nación?
¿O es que ya olvidamos
que en las últimas elecciones votamos para elegir como regidores, alcaldes,
diputados y senadores a personas señaladas por corrupción y narcotráfico?
Sé que no faltarán
quienes apelen a su acostumbrada cortedad de miras con el cliché de «tienes
intención de justificar una cosa con la otra». Precisamente, estas líneas
fueron motivadas para interpelar a ese tipo de conciencia.
viernes, 17 de junio de 2016
A mi Patria
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| Orbis Beltré |
más que Buenaventura y Santana







