Por Orbis BeltréEl Estado dominicano está enfermo, y solo lo curará una actitud crítica de la ciudadanía hacia los Poderes que lo conforman!
martes, 25 de abril de 2017
La Marcha Verde no es un plan desestabilizador de la democracia
Por Orbis Beltrésábado, 1 de abril de 2017
Mi experiencia con la UASD
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| Orbis Beltré |
Por Orbis Beltré
En el año 1995 empecé a estudiar
informática a nivel técnico en la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la
UASD. Fueron mis primeros pasos en esa universidad.
De pronto, como acostumbro, quise
socializar con los que entendía debían ser la «crema y nata» del estudiantado;
pero ¡qué desilusión me llevé! Aquellos grupos estudiantiles eran perredeístas,
peledeístas, reformistas, comunistas, de derecha o de izquierda.
En 1995, en los grupos estudiantiles de
la UASD lo único que no se podía hallar era sensatez. Me di cuenta de lo
dogmáticamente obtusos que eran algunos cuando noté, por ejemplo, que veneraban
efigies como las del Che Guevara o Fidel Castro con el mismo fervor con que un
católico venera a la Virgen de la Altagracia.
Ni hablar de las apologías de
endiosamiento que escuché hacia un personaje como José Francisco Peña Gómez,
quien apoyó que Balaguer fuera declarado «Padre de la Democracia» de nuestro
país.
Cuando en el año 2001 ingresé como
estudiante formal en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, confirmé mis
sospechas de que esa institución era un fiasco más. Uno de los documentos
exigidos para inscribirme era un certificado médico; pero no cualquier
certificado: debía ser expedido por el consultorio de la propia UASD y firmado
por uno de sus médicos.
Adivinen: fui a ese consultorio y, tras
hacer fila por más de una hora para lo que suponía sería una evaluación médica,
la dinámica consistió en pagar 50 pesos por un papel que alguien, en menos de
cinco minutos y sin siquiera mirarme a la cara ni examinarme, completaba con mi
nombre y cédula, seguido del dictamen: «goza de excelente salud física y
mental».
Eso sucedía en una universidad llamada a
formar profesionales con un alto concepto de la ética y la moral; sucedía en la
institución que muchos presumen como la «Primada de América».
No estoy de acuerdo con que la UASD sea
privatizada, pero esa universidad, si no es una pocilga cualquiera, en su
gestión administrativa se parece demasiado a esas desgracias que en la
República Dominicana llamamos «instituciones públicas».
