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| Orbis Beltré |
Por Orbis Beltré
Dice usted, señora
Argelia Tejada Yangüela, en su artículo publicado en Acento el 26 de abril de
2016 y titulado «¿Un Estado Cristiano?», lo siguiente: «No es un valor
cristiano promover el odio».
Y en vista de que usted
aborda en su escrito los derechos de la comunidad LGBT, se me ocurre formular
la siguiente pregunta: ¿cuál es el tratamiento que se le debe dispensar al
homosexual según el dios judeocristiano?
Levítico 20:13 ordena
que al homosexual simplemente hay que matarlo, y que nadie más que él será responsable
de su propia sangre derramada. ¿Acaso esto no es odio, señora Argelia?
De igual forma ocurre
con la mujer, representada en ese mito bíblico por Eva, donde el odio y la
misoginia no cesan cuando ese dios decreta en perjuicio de la «varona»: «tu deseo
será para tu marido, y él se enseñoreará de ti».
El cristianismo no solo
promueve el odio y la misoginia; el cristianismo se legitima en ellos. ¿O no
resulta lo suficientemente claro este pasaje?: «La mujer aprenda en silencio,
con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio
sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero,
después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada,
incurrió en transgresión» (1 Timoteo 2:11-14).
Dígame, señora Argelia,
¿no será desde las alturas de este santísimo postulado cristiano que el dedo
acusador de un Fidel Lorenzo desde el CODUE la señala a usted, a la mujer que
se niega a ser la próxima «Esperancita», y a quienes redactaron los artículos
107, 108, 109 y 110 del Código Penal dominicano que el Tribunal Constitucional
declaró no conformes con la Carta Magna?
Mire, señora, el
problema no está únicamente en el CODUE ni en la Iglesia católica; el problema
radica en ese cristianismo bíblico que usted teme confrontar, pretendiendo
lavar la llaga con pus cuando afirma que «no es un valor cristiano promover el
odio».
Las circunstancias
actuales exigen un ejercicio intelectual libre de ambigüedades. Como se
sentencia en ese mismo universo cristiano: ¡no se puede estar al mismo tiempo
con Dios y con el diablo!

